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Foto: Vía Mía Blog, Plaza de Santo Domingo

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Amores históricos

Visitar el centro de Quito es hacer un viaje al pasado de nuestra historia. En este mes de febrero conoceremos los rincones, puertas y balcones que marcaron los corazones de ilustres personajes del Ecuador.


Para esta travesía en el tiempo, entrevisté a mi amigo Héctor López Molina, historiador, cronista y fundador del blog Los Ladrillos de Quito.
En cuatro actos, les compartimos los escenarios del Centro Histórico que fueron testigos de amores y desamores de heroínas, próceres y presidentes. Cada una de estas historias son reales y sucedieron entre geranios y risas, lágrimas y batallas, terciopelo y política.

Atención: Recorrido sólo apto para románticos y amantes de la historia.



Acto I:
El héroe y la mujer en traje de fraile

En la Plaza de Santo Domingo empieza la historia de amor de uno de los grandes héroes latinoamericanos y de nuestra independencia. En la tarde del 24 de mayo de 1822, luego de haberse consagrado como un gran militar, Antonio José de Sucre, encuentra la gloria y el amor en un mismo día. Por esta razón; enfatiza Héctor, para el mariscal, Quito y aquella fecha marcarían por siempre su corazón y su vida.

Así sigue el relato: “Luego de que sus tropas tomaron el fortín del Panecillo, Sucre entró a Quito por lo que hoy es la avenida Maldonado. Esa misma tarde, el mariscal ingresó a uno de los puntos más importantes de la ciudad: la Plaza de Santo Domingo, en donde fue recibido por quienes apoyaban la gesta independentista.”

De pie, en el centro de la plaza, estaba Sucre emocionado, sintiendo al fin la victoria. Empezó a mirar a su alrededor; pero su mirada se detuvo en una de las ventanas del segundo piso del convento de Santo Domingo. La figura de una joven mujer, de 16 años aproximadamente, vestida de fraile con un hermoso rostro y larga cabellera, capturó su atención.



¿Qué hacía una mujer vestida de fraile en un convento?


Bueno, eso mismo se preguntó el mariscal. La respuesta, explica Héctor, está en el miedo. Resulta que la noche anterior, durante la madrugada de la batalla de Pichincha, muchas mujeres y niños fueron a refugiarse en conventos de la ciudad, ya que temían que vuelva a suceder hechos como los del 10 de agosto de 1809, en la que soldados realistas cometieron redadas y abusos contra hombres, mujeres y las familias que apoyaban a la causa independentista.

Uno de sus soldados, le informa a Sucre que aquella misteriosa y bella joven vestida de fraile, era la hija del Marqués de Solanda, quien junto a sus hermanas y madre, se habían ocultado en el convento de Santo Domingo para protegerse y sentirse a salvo.





Al escuchar el nombre del marqués, Sucre no tarda en identificar al noble hombre, ya que había sido uno de los que financió la campaña que vino de Riobamba a Quito; y quien, en ese momento se encontraba prisionero, precisamente por haberlo apoyado económicamente.

Sucre solicita, de inmediato, reunirse con las hijas y la esposa de Felipe Carcelén de Guevara y Sánchez de Orellana, Marqués de Solanda para darles las gracias.
Esta cita tiene lugar en la vivienda ubicada frente al convento; en la casa “Santa Elena”; conocida así, porque en su portal se distingue una imagen tallada en piedra de Santa Elena de Constantinopla, si caminan hoy por aquí, aún pueden encontrarla.

Es en esta casa en donde, Antonio José de Sucre, conoce por primera vez a Mariana Carcelén de Guevara y Larrea-Zurbano.


Un matrimonio de etiqueta y poderes.

En un principio, por las leyes de etiqueta, precisa Héctor, solo era permitido que los hombres hablen con la madre de la mujer que pretendían; en este caso, con Teresa Larrea, Marquesa consorte de Solanda y Villarocha. Luego, en las diferentes fiestas que se realizaron en la ciudad para celebrar la victoria, con el debido consentimiento de los padres, Sucre baila, ríe y conquista a la bella Mariana.

En 1823 se comprometen en matrimonio y cinco años más tarde, se casaron por poder desde Bolivia ya que el general Antonio José de Sucre se encontraba en Bolivia y había asumido la presidencia de ese país. Por esta razón, explica Héctor, su matrimonio se lleva a cabo por poderes en la ciudad de Quito; y quien representa al mariscal, es uno de sus mejores amigos, el general Vicente Aguirre, esposo de Rosa Montúfar, prócer de la independencia e hija del Marqués de Selva Alegre. “De esta forma, por un par de días, la quiteña Mariana Carcelén, llegó a ser la primera dama de Bolivia. Una vez que Sucre renuncia a la presidencia de Bolivia se instala en Quito para hacer su vida junto a Mariana.” Concluye el investigador.

Si hasta aquí ha suspirado, deténgase.

Entre Sucre y Mariana, no todo fue miradas apasionadas, bailes románticos y cómplices risas. En realidad, precisa Héctor, también hubo intereses de por medio. Por un lado; los marqueses, dieron la venia a este amor, pensando en que la unión de su hija con el mariscal, les garantizaría el poder político y les ayudaría a conservar su status económico y social; que seguro lo perderían, una vez que se instalara la República. Y, por otro lado, Sucre garantizaba su situación económica con fortuna, propiedades y tierras.

Sucre y Mariana tuvieron una hija, que la llamaron como su abuela, Teresa. El Gran Mariscal, casi no pudo compartir tiempo con la niña. A los pocos días de su nacimiento, en uno de sus viajes, parte hacia el Congreso Admirable en Bogotá, en un intento por salvar a la Gran Colombia. La mañana del 4 de junio de 1830, en la montaña de Berruecos, a 30 Km de Pasto, Antonio José de Sucre, héroe de Pichincha es asesinado.

Luego del período estricto de luto, Mariana Carcelén, se casa con Isidoro Barriga, uno de los hombres de confianza y compañero de batallas del mariscal.

“Con Sucre me casaron, con Barriga me casé,” afirmó Mariana, enterrando así su idílico amor con el mariscal Antonio José de Sucre.

Datos curiosos:


• "Se cree que la estatua de bronce del Mariscal Sucre, que se encuentra en la plaza de Santo Domingo, señala con su dedo a la cima de La Libertad; pero con su mirada, a la casa de Santa Elena, en donde conoció a su legítima esposa, Mariana Carcelén." Comenta Héctor.

• Héctor afirma que, la pequeña Teresa hija de Sucre y Mariana, muere lamentablemente a los dos años de disentería. Y aclara que, contrariamente a las malas lenguas de la época, la pequeña, no fallece de un golpe en la cabeza mientras jugaba con el General Barriga desde un balcón de la casa, hecho que incluso fue desmentido por la familia de Sucre, acota el historiador.

• Si bien, Antonio José de Sucre se casó con Mariana Carcelén, nuestro pícaro mariscal tuvo amoríos con otras damas.

Y si aún no ha muerto ahogado entre los suspiros, espere los siguientes relatos o inscríbase en los recorridos de Los Ladrillos de Quito por San Valentín.

 

Visitar el centro de Quito es hacer un viaje al pasado de nuestra historia. En este mes de febrero conoceremos los rincones, puertas y balcones que marcaron los corazones de ilustres personajes del Ecuador. 

11 Comments

  1. Karen Schulze dice:

    Qué interesante conocer esta historia de amor Espero los siguientes. Y encararía hacer el paseo con los ladrillos de Quito

  2. Liz Paredes dice:

    Sigo suspirándo. Qué bella historia. Gracias por transportarnos a este escenario

  3. Sílvia Malo dice:

    Qué historia tan bella.

  4. Rosanna Mancino dice:

    Me alegra muchos saber que te interesó. Saludos.

  5. Nelson Palma Gil dice:

    Excelente historia me fascina.

  6. Rosa Victoria dice:

    Qué bella historia. Romántica y patriota.

  7. Rosa Victoria dice:

    Fantástico relato!

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